Antes de la Emancipación:

Durante el Siglo XVII, los judíos de Europa (incluyendo Rusia) pasaron de ser el 65% de la población judía mundial en 1700, a ser el 80% en 1800.

Sea como fuere, los judíos nunca llegaron a ser más del 2 o 3% de la población de ningún país Europeo, excepto Polonia, donde llegaron a ser más del 10%. Los judíos vivían en gran dispersión.

En el Oeste de Europa los judíos vivían en guetos, vecindarios dentro de las ciudades, en las partes más deprimidas de las mismas. Mientras residir en los barrios judíos durante la Edad Media era voluntario, las autoridades no judías de cada ciudad lo hicieron obligatorio durante el siglo XVI. Esta era la humillación más restrictiva para los judíos; y si bien para el siglo XVII los judíos ya no necesitaron portar signos especiales en sus ropas para marcarse como tales, nunca vistieron exactamente como los cristianos, hablaban entre ellos Idish, un lenguaje que los no judíos no podían comprender y seguían estrictas restricciones dietéticas que dificultaban la interacción social entre gentiles y judíos.

Los judíos eran considerados por los gentiles como residentes temporales con un estatus inferior. Eran vistos, además, como descendientes de aquellos que negaron al Mesías, castigados por Dios por este acto con la destrucción del Templo.

Aunque los judíos pagaban impuestos a los gobernantes, tenían prohibido involucrarse en actividades agrícolas o en el comercio formal. Se especializaron por ello en pequeños préstamos y compra-venta callejera. 

Durante el siglo XVII los judíos de Europa del este no vivían en guetos, pero las barreras culturales, el bajo nivel cultural de los siervos y los prejuicios teológicos cristianos contra los judíos aislaron a éstos de la sociedad gentil incluso en mayor medida que en el oeste de Europa. 

Hacia la igualdad de derechos:

Las ideas del comienzo de la Ilustración comenzaron a penetrar en los guetos a través judíos que habían adquirido educación secular. El maskil (Judío ilustrado) es un nuevo personaje de la Ilustración Judía (Haskalá). Es educado tanto en la tradición, en la Torá y el Talmud, como en las nuevas ciencias, las lenguas Europeas y en la cultura general. Un maskil relevante fue Moisés Mendelssohn (1729-1786), quien escribió filosofía, tradujo la Biblia al alemán e hizo amistad con no judíos intelectuales, racionalistas y humanistas.

El suceso decisivo de esta era fue la Revolución Francesa (1789) cuando se eliminaron los privilegios entre los ciudadanos y se prohibió discriminar a por creencias religiosas. 

Cuando la dirección napoleónica se agotó, la Emancipación fue negada de nuevo a los judíos en Alemania, Italia, Prusia y otras tierras. En algunos casos, como en Roma, los judíos fueron forzados a regresar a los guetos, pero en el siglo XIX los judíos en el centro de Europa lentamente recuperaron sus derechos, a la par que se integraban económicamente en la sociedad. De esta forma, la debilidad de la clase media y el liberalismo en esos países, unido a la identificación de la Emancipación Judía con los invasores franceses, generó el fermento de una agitación anti-judía y los judíos eran vistos como desleales potenciales y francófilos. Los judíos lucharon en cada insurrección nacionalista contra el multinacional imperio Austro-Húngaro, y en las revoluciones liberales de 1848–49. 

En Rusia, no obstante, el siglo XIX fue calamitoso para los judíos que vivían bajo el mandato de los Zares. 

Integración:

La emancipación legal de los judíos significó que por primera vez ser judío pasó a ser opcional. La mayoría de los judíos pasaron a ser parte de la clase media urbana, trabajando en el comercio y las profesiones liberales. Debido a que los judíos se adaptaron rápidamente al cambio, se encontraron sobrerrepresentados en las ciencias, políticas y en los nuevos comercios.

Entre los judíos se desarrollaron distintos modelos de integración, desde el abandono de la religión, hasta la modernización de las sinagogas y flexibilización de normas. También hubo quienes veían en la integración el peligro de perder la identidad; y respondieron siendo más estrictos en el cumplimiento de las leyes judías y separándose de influencias foráneas.

Mientras el antisemitismo estaba basado en siglos de odio teológico contra los judíos, los factores modernos le dieron un carácter único y secular. Entre ellos podemos mencionar: el nacionalismo romántico, la teoría racial, los cambios y desencajes generados por el capitalismo y el reto de establecer orden en las ideologías revolucionarias.

La crisis económica en Alemania y Austria a finales del siglo XIX presentó una oportunidad para los partidos antisemitas que influyeron en el discurso político de toda la sociedad, especialmente por la derecha. Los partidos antisemitas culpaban al poder y a la influencia judíos de cualquier mal existente en el mundo, ya fuera mostrando al judío como un capitalista o un revolucionario. El judío era visto nuevamente como un extraño e indigno de la emancipación. Se popularizaron  teorías de una gran conspiración judía para controlar el mundo.

Tanto el reto de la modernidad y la identidad Judía como los peligros del antisemitismo político, provocaron la aparición de una nueva respuesta judía, que tomaría la forma de nacionalismo. De acuerdo con esta perspectiva los judíos eran principalmente un pueblo, no una comunidad religiosa. 

Teodoro Herzl:

Teodoro Herzl, nacido en Budapest en 1860, en el seno de una familia burguesa, era el prototipo del judío asimilado y secular. Era un ensayista, periodista y dramaturgo que trabajaba en Viena y París como corresponsal. 

En 1894 el capitán Alfred Dreyfus fue acusado de traición, principalmente debido a la atmósfera antisemita. Herzl fue testigo de las turbas gritando “Muerte a los Judíos” en Francia, el hogar de la Revolución Francesa, y decidió que la única solución era la emigración masiva de los judíos a una tierra que ellos pudiesen denominar propia. En 1896 publicó un libro llamado “El Estado de los Judíos”

Herzl definió el “Asunto o Problema Judío”, esto es el antisemitismo, no como un problema social o religioso, sino como un problema nacional. Él, un judío muy bien integrado, generó un escándalo al afirmar que la asimilación no había funcionado. Los judíos habían hecho grandes esfuerzos patrióticos y continuaban siendo considerados extranjeros. Donde quiera que los judíos se encontrasen concentrados en suficientemente número, el antisemitismo aparecería. Los judíos eran un pueblo unido por su aflicción. 

La solución era un Estado Judío reconocido por la comunidad internacional, donde los judíos ostentasen la soberanía. El Estado no tendría de ninguna forma carácter de teocracia y sería neutro en su política exterior. La libertad de creencia y credo sería respetado así como también la igualdad legal entre mujeres y hombres. La novedad radical del plan de Herzl era su petición de realizar esfuerzos diplomáticos para que la comunidad internacional sancionase y protegiese la creación del nuevo Estado.

En este tiempo los judíos se enfrentaron con los siguientes dilemas: ¿Habría destruido la modernidad a los judíos por los daños del antisemitismo y de la asimilación? ¿Cuál era la mejor forma de combatir el antisemitismo y salvar a los judíos rusos de la opresión? ¿Era la emancipación en suma lo mismo que la asimilación? Los judíos sionistas debatían entonces: ¿Debería el Sionismo dedicar todos sus esfuerzos a conseguir apoyo político internacional para sus aspiraciones o debería interesarse primero por el renacer cultural y espiritual del Pueblo Judío? ¿La necesidad inmediata de del Pueblo Judío significaría que el hogar Judío podría establecerse en cualquier lugar y no solamente en la Tierra Prometida? ¿Era el sionismo solamente un movimiento secular y secularizador o podría incluir también a los judíos ortodoxos?

Herzl murió en Viena en 1904 de una neumonía y por debilidad de su corazón que había trabajado en exceso en sus incesantes esfuerzos en representación del Sionismo, a los 44 años.

En 1949 los restos de Herzl fueron llevados al Estado de Israel y enterrados de nuevo en el Monte Herzl en Jerusalem.

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